CONOCIENDO A LAS MASCOTAS DE LA CLÍNICA - LOLA -

Actualizado: 26 de dic de 2018

Lola es un yaco de cola roja. Tiene tres años y también vive en la clínica veterinaria en Santurtzi . La historia de Lola, a pesar de su corta edad, ha sido bastante difícil y parece que ahora empieza a recuperarse de una enfermedad muy grave en loros. El picaje. 

Lola era un pollito joven y papillero que quedó completamente prendada de su cuidador y dueño, Jorge, el veterinario de la clínica.  

Las aves papilleras crean una relación muy estrecha con la persona que las alimenta y en muchas ocasiones, la relación que el ave entiende que tiene con la persona en cuestión es muy distinta a la que el dueño o la dueña consideran que tienen con su mascota. Por ejemplo, un ave alimentada con papilla puede pensar que su dueño es un familiar ¡o una pareja! y por tanto, reclamar las atenciones pertinentes en cada caso. Éste es el caso de Lola: Jorge es su familia y no soporta estar sin él. 



Hace años Lola vivía en una casa muy grande con un gran jardín. Pasaba todo el día entrando y saliendo de su jaula e iba con Jorge a todos lados. Era una lora muy feliz. Por desgracia, los tiempos cambian, las familias crecen y Lola tuvo que venir a la ciudad. No aguantaba vivir en un piso. Estaba acostumbrada a rodearse de verde y a poder merodear por dentro y fuera de su jaula y las cosas habían cambiado. Además, Jorge empezó a pasar menos tiempo en casa. De esta forma, Lola empezó a quitarse plumas. No había manera de controlarla ni de entretenerla. No dejaba que nadie se acercara a su jaula, no le gustaba la gente y si alguien se le acercaba, lanzaba un picotazo sin dudarlo. 

Finalmente, la solución más factible para los problemas de Lola la encontró Jorge: Llevarla con él al trabajo, todos los días. Así, Lola empezó a venir a la clínica veterinaria Santurtzi . Al principio no quería salir de su jaula, le daba miedo la gente y no cantaba ni hablaba. Meses después, se acostumbró y la clínica empezó a ser su casa. 

Después de unos años, llegaron nuevas veterinarias al equipo. Intentaron establecer un tratamiento médico para Lola, pero no le funcionaba. Gracias a su empeño y constancia, comenzaron un programa de enriquecimiento ambiental con ella y ¡por fin! Lola está respondiendo muy bien a este método y está recuperando sus plumas. El enriquecimiento ambiental proporciona a los animales una estimulación física y mental "extra", de forma que actividades rutinarias y diarias como comer, beber o jugar, se vuelven mucho más interesantes y estimulantes. 

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